El cielo era gris, con tintes rojizos.
El ángel negro deambulaba por las terrazas y se posó en la mía.
Era una sombra, con alas negras y ojos grises.
Me miraba fijo desde la ventana de mi cuarto que da a la terraza.
No hay Cielo.
El es ángel, pero es de este mundo.
Lo formaron para que la gente no pierda la fe. Pero no lo lograron.
Crearon todo lo que puede crear esta ciudad: una sombra.
El ángel solo ve.
Deambula, perdido, observando y aprendiendo de los demás.
Es común ver, en la noche, cómo las alas negras tapan la luz de la luna.
Nadie lo espera.
Cuando se posa sobre alguna casa, los vecinos cierran sus puertas y bajan las persianas.
La ciudad lo niega.
Suele pedir agua y alimento, pero son muy pocos los que le dan.
Está perdido, viviendo en el infierno.
Quisieron que la gente recupere la fe y lograron todo lo contrario.
Ahora el ángel muere de hambre en mi propia terraza.